Esta crónica del show de Rick Wakeman (3/12, en Buenos Aires)
se publicó originalmente en el más que recomendable
dixihedicho.com.ar.
1
Cuando era chico yo quería ser como Rick Wakeman. Lo
descubrí en un video viejísimo de "Close to the edge",
imponente con esa capa dorada, un caballero medieval
domando sintetizadores a la velocidad del rayo. Me soñé en
el centro de una interminable montaña de teclados, tocando el
solo de "Close to the edge" con los ojos cerrados. El tiempo
se encargó de explicarme que carezco del mínimo talento para
hacer música y los sueños quedaron en
eso. Sueños. Pasaron los años -demasiados-, y una noche de
diciembre me reencontré con Rick Wakeman, y durante dos
horas -bellas, plenas, mágicas- dejé salir al chico que allá
lejos, cuando se desperezaba la década del 80, tocaba "Viaje
al centro de la tierra" enfundado en una soberbia capa
imaginaria.
2
¿Quién fue/es el mejor tecladista de la historia del rock?
La biblioteca está prolijamente dividida: la mitad sostiene
a Wakeman, la otra mitad a Keith Emerson. Tan divertida
como bizantina, la polémica es imposible de zanjar. Hay
determinados grados de virtuosismo que escapan al
entendimiento de los fans. O de los melómanos (y también
de los académicos, aunque se obsesionen por ocultarlo).
Exquisitez, técnica, precisión y corazón constituyen la
esencia de Wakeman y de Emerson cada vez que atacan una
partitura. Emerson es más expresivo (imposible imaginar
a Wakeman clavando teclas y dando vuelta un sintetizador),
mientras que Rick es pura elegancia. Y son -además-
extraordinarios y eclécticos compositores, capaces de
surfear entre el más clásico romanticismo, la grandiosidad
orquestal, el minimalismo jazzístico y, por supuesto, el
rock and roll. Digamos entonces, para ser justos, que tocó
en Buenos Aires uno de los dos mejores tecladistas de
la historia del rock.
3
Fueron varias las visitas de Wakeman a la Argentina y
varios los repertorios que trajo. También las estéticas y
las propuestas. En uno de sus primeros shows las fotos
lo muestran con un -ejem- enterito plateado. Al escenario
del Gran Rex subió con un impecable traje negro, combinado
con un envidiable calzado blanco y corbata bicolor. La
cabellera -no tan larga como en sus épocas de señor feudal-
mantiene un admirable rubio Koleston. Es imponente Wakeman,
gigantesco junto al piano de cola que lo acompañó durante
todo el show. Y simpático. Antes de cada andanada se pone
de pie, toma el micrófono y presenta el tema. "Cada vez
que vengo me prometo que voy a aprender español. Por lo
menos ya sé decir café con leche". Risas.
4
Fue un recital perfecto en su concepción y su ejecución.
Nada de mellotrones ni de Korgs ni de clavicémbalos. Lo
dicho: Wakeman y el piano. A su alrededor, la orquesta y
el coro de Buenos Aires, inspirados para ejecutar los
quirúrgicos arreglos que Wakeman pergeñó sobre sus
clásicos. Guy Protherce condujo con solvencia -y un
admirable despliegue físico- cada sección. Los bronces
se lucieron gracias a "Arthur" y vayan mis respetos hacia
la arpista, lejana sobre las tablas pero capaz, a fuerza
de dulzura, de cantarnos al oído.
5
Desmenuzando el show:
A) "Los mitos y leyendas del rey Arturo y los
caballeros de la mesa redonda". Inmejorable comienzo.
Wakeman nos transportó a lo más profundo de los bosques,
cabalgando hacia Camelot entre seres fantásticos y violines
que exploran el follaje. Y qué final.
B) "Gone but not forgotten". Es una de las composiciones
preferidas de Wakeman, del disco "Cost of living". Pura
melancolía.
C) "Catherine Howard".Un presente para los fans, tratándose
de uno de los segmentos más divulgados de "Las seis esposas
de Enrique VIII" (mi favorito es "Ana de Cleves", tal vez
porque es la esposa del buen Henry que mejor me cae. En fin).
D) "Help!/Eleanor Rigby". Wakeman versionó maravillosamente
a los Beatles. La segunda parte dejó a todos -literalmente- con
el corazón en la boca.
E) "After the ball". Uno de los temas que Wakeman compuso para
la película de los Juegos Olímpicos de Invierno. ¡Y todos
a la pista de esquí!
F) "Viaje al centro de la Tierra". Es la más famosa y
ultrainterpretada de las obras de Wakeman. Y sonó como un
descubrimiento. ¿Cómo hace?
G) "Merlin el mago" (primer bis). Lágrimas.
H) "The jig" (segundo bis). Festiva y juguetona, es una pieza de
"Cirque surreal". Todos los ánimos arriba, porque se viene la
despedida. Pero no.
I) "Viaje al centro de la Tierra" (tercer bis). Se acabó el
repertorio. No hay nada más ensayado. Pero la hinchada quiere
más. ¿Y qué hace Wakeman? Toca de nuevo el impresionante
epílogo de su saga monumental.
6
No, no hubo ningún tema de Yes en el setlist.
7
La hora posterior a cada show es una avalancha de sensaciones.
Tratamos de guardar cada pedacito de exaltada felicidad.
La sangre fluye a una velocidad distinta, producto del estado
de gracia que nos invade. Así que remonté Corrientes y caminé
y caminé. En una esquina vi al chico de mirada soñadora, con
la capa dorada, tan feliz como yo. Él también me vio. Y juro
que me dedicó una sonrisa.
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