Una crónica sobre el show de U2 en La Plata
1
El "360° Tour" es la vuelta al día en 80 mundos, con la salvedad de que esta banda no vomita conejitos, sino hits. Uno detrás de otro. Y así, en dos horas y monedas, queda tomada la casa del corazón. Bienvenidos al universo U2.
2
Si Bono ordena que levantemos las manos, levantamos las manos. Si hay que cantar, cantamos. Si hay que saltar, saltamos. Bono no propone, está acostumbrado a disponer de las voluntades ajenas. Y eso, estimados lectores, se debe a que Bono es la primera megaestrella de rock auténticamente peronista. Por eso, si Bono saliera mañana al balcón de la Rosada y proclamara ¡compañeros...!, la historia de este país cambiaría para siempre.
3
Es difícil precisar quién inventó el concepto de puesta en escena en un show de rock and roll. Lo indudable es que fue Pink Floyd la banda que perfeccionó la apuesta, al punto de convertir cada concierto en un mecanismo de relojería. "A veces se ponía pesado eso de sincronizar cada nota con las luces, los videos, el humo...", solía quejarse David Gilmour. El "360° Tour" obedece a una rigurosa coreografía visual: la misma que cualquier fan puede disfrutar en el DVD oficial fue la desplegada en el deslumbrante estadio de La Plata. A cada tema le corresponde una ambientación, un light-show, un tratamiento de las imágenes en la megapantalla que cubre el escenario. Pero que se repita no implica que deje de sorprender o de emocionar. Una cosa es U2 desde el home theatre y otra muy distinta a un puñado de metros. El sonido, claro y potente como un CD, pega en el pecho. Las luces invitan a un viaje cósmico sin mescalina.
4
Confieso que la corrección política de Bono me empalaga. Es como la ambrosía: un manjar que a la tercera cucharada empieza a ponerse relajante. Siempre habrá una causa admirable en la que Bono esté embarcado. El sábado se puso al servicio de Amnesty International para reclamar por el bienestar de Aung San Suu Kyi, la férrea luchadora por los derechos civiles en Birmania que pasó encarcelada buena parte de su vida. Por supuesto, fue a caballo de "Walk on", tema dedicado a Suu Kyi. Alguna vez estaría bueno que a Bono se le salga la cadena. En fin, no se va anarquizar -ni a anarcotizar- a esta altura de la soiree.
5
Salvo que se produzca un milagro, U2 ya entregó lo mejor de su música. Ya editó los discos fundacionales. Ya grabó los clásicos. Hoy U2 es el show, es un plató con forma de garra propio de la mejor sci-fi, es un mensaje desde la Estación Espacial en pleno concierto. Es Desmond Tutu (¿no será Bill Cosby?) advirtiéndonos que todos somos "One". Ver a este U2, en su tercera visita a la Argentina, es como tomarse un buen vino, de esos sabiamente atesorados en barricas de roble antes de caer delicadamente en una copa parida en Murano. Fue vodka con Speed a mediados de los 90. Como dice el sabio Dylan, siempre, aquí y allá, the times they are a-changin'.
6
Es increíble cómo está cantando Bono. Mejor que nunca, y eso es mucho decir. Cuando atacó "Miss Sarajevo" se nos erizó hasta el caracú. ¡Animal!
7
Así que marchando hacia el estadio, en plena avenida 32, nos damos con que están prohibidos los choripanes y los "trapitos". Y no es joda. Una dama entrada en carnes reparte gritos hasta que aparecen tres simpáticos mastodontes de la Bonaerense y la invitan a calmarse. Parece que la ciudadana se clavó con incontables kilos de embutidos. No hay caso, las parrillas -como las urnas en el Proceso- quedarán escondidas. La cantidad de servidores de la ley es infinita: en patrulleros, en moto, a caballo, a pie, de civil (¿en serio pensarán que pasan inadvertidos?). Nada puede salir mal con U2 en La Plata. Claro, analizando el target de los fans, está claro que los peligros acechan desde afuera. Otra sería la historia si tocara, por caso, Iron Maiden. O Motorhead. En la platabanda de la 32 una rubia infernal se desparrama en el césped, toda animal print y botas que reíte de Prüne. Y más allá, un par de cristianos brindan con scotch. Al pie cuidan una conservadora top. Hasta el hielo parece caro.
8
Cada noche Bono suele ensayar algún cover. A nosotros nos tocó "Stand by me", ese standard que compusieron Ben E. King y los incombustibles Leiber y Stoller en los felices 50. Lennon grabó "Stand by me" durante los años delirantes en los que escapó de Yoko y se la pasó borracho en Los Angeles. Lógico: esa es la versión que repiquetea en la mayoría de los oídos. Pero créanme: cuando Bono canta "Stand by me" es un regalo de esos que se guardan en un lugarcito especial. ¿Ya dije que Bono está cantando extraordinariamente bien?
9
Es curioso lo que (nos) pasa con los discos. Pongamos el caso de U2. "The Joshua tree" es sencillamente perfecto; "Achtung baby" es un gancho al hígado; "The unforgettable fire" está compuesto, tocado y cantado con las tripas; "Zooropa" es una colección de gemas; y qué decir de "Pop". Y bien, mi favorito es "October", ese álbum tan vital, intenso y ¡cristiano! Será porque la primera vez que escuché a The Edge acariciando el piano y a Bono relatando eso de "and kingdoms rise/and kingdoms fall/but you go on" me convencí de que el rock and roll sería la banda de sonido de mi vida. U2 no se dignó a tocar ningún tema de "October". Maldición.
10
Pero "New year's day", que ya está viejita, sonó bárbaro. "Sunday bloody sunday" también. Ambas figuran en "Under a red blood sky", icónico álbum en vivo, referente de la época en la que no existía el DVD y esos discos se disfrutaban muy especialmente porque eran la manera de meterse en la cocina de una banda transpirando la camiseta. El domingo, después de la aparición de León Gieco sobre la garra, Bono le puso la garganta a "Pride", pero quien esto escribe ya estaba a 50 kilómetros de La Plata y se perdió la oportunidad de derramar una lágrima por momentos que ya no volverán.
11
Déjenme hablarles del Gordo. El sujeto, instalado un par de filas por encima de nuestras cabezas en la Platea Sur, mantuvo a la multitud en acción durante todo el show. Vociferó cada vez que alguien aflojaba. "¡Aguante U2, acá nadie se sienta", arengaba-ordenaba el Gordo, secundado por una interminable pléyade de hijos y sobrinos, todos integrantes de una barrabrava que de imaginaria no tenía nada. Así que mientras Bono y The Edge se unían para hilvanar una bellísima versión de "Stuck in a moment...", el Gordo agitaba como si fuera un pogo de los Dead Kennedys. Pero al Gordo se le aflojaron las rodillas, seducido por tamaño temazo. Belleza, diría el Bambino.
12
Adam Clayton y Larry Mullen ya están en los libros de rock, así que resulta ocioso hablar de la solidez de la base de U2. Adam, todo de blanco, se la pasó fichando a las nenas que acechaban la garra. Adam tiene tantas arrugas como mañas. Larry, sex-symbol desde la década del 70, sigue siendo Larry. Cuando Clayton y Mullen animan la fiestita tiemblan las arañas. Será por eso que sentimos tan nuestro a The Edge. Los otros no parecen necesitar tanto cariño como el prodigioso y más querible de los guitarristas.
13
No se puede tocar "Get on your boots", "Misterious ways", "Elevation", "I still haven't found what I'm looking for", "Beautiful day", "City of blinding lights", "Vertigo", "Scarlet", y marcharse impunemente por la vida mientras decenas de miles de tipos quedan agotados. No hay derecho.
14
Había jurado no emocionarme ni moquear cuando sonara el primer acorde de "Where the streets have no name". Pero ocurre que los clásicos modernos tienen la endiablada capacidad de hacer tabla rasa con nuestro espíritu y lo dejan convertido en un trapito, bien estrujado. Pero feliz. Esa es, básicamente, la parte de la religión que justifica cualquier clase de expiación. En el confesionario del "360° Tour" los pecados se van licuando a fuerza de indulgencias con forma de canciones. Bendito sea entonces U2 por limpiar de impurezas eso que algunos llaman alma.
Publicado en www.dixihedicho.com.ar
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Un show exitante, una verdadera (y abrumadora) fiesta para los sentidos...
http://discosperfectos.blogspot.com/2011/04/take-me-higher-alto-cada-vez-mas-alto.html
Saludos!
Me reí con lo de Bono peronista y me pareció más que acertado lo de Pink Floyd. Gran show debe haber sido. Muy lindo lo que escribiste.